Franco Colapinto no dijo nada. Pero tampoco hizo falta. En el paddock de Suzuka se escuchó un suspiro profundo, una ceja levantada y un "¿Otra vez, Jack?" que flotó en el aire como el alerón del Alpine destrozado.
Este viernes, en la segunda práctica libre del Gran Premio de Japón, Jack Doohan, el principal competidor del argentino por un asiento en la escudería francesa, se mandó otro "Doohanazo". A los siete minutos de sesión, encaró la curva 1 como quien se tira a la pileta sin chequear si hay agua, perdió el control y terminó estrellando su monoplaza contra las defensas de neumáticos con un golpe lateral que hizo temblar hasta a los espectadores en Buenos Aires.
Aunque el australiano salió caminando, el auto quedó destruido y el contrato bueno, ese cada vez más arrugado. Jack disputa en Suzuka la tercera de sus cinco presentaciones con Alpine y, si la idea era convencer, por ahora está más cerca del taller que de la titularidad.
Mientras tanto, Colapinto sigue sumando puntos en la Fórmula 2 y mirando desde la barrera como el otro se prende fuego. Literalmente, porque después del accidente de Doohan, hasta el césped de la curva 8 se incendió por las chispas de los autos.
El equipo tendrá que trabajar a contrarreloj para reconstruir el coche antes de la próxima tanda. Y el australiano, por su parte, tendrá que reconstruir algo más complicado: su candidatura al asiento de Fórmula 1. Porque si de señales se trata, en Alpine ya hay muchos que están mirando hacia Argentina y diciendo: "Che, ¿y si probamos con el pibe este…?"