Ya está a la venta el libro "Sabrina Ameghino. Contra la corriente”

Enterate todo sobre la vida de la brillante deportista Sabrina Amghino, su infancia, prejuicios, lesiones y todo lo que tuvo que pasar para convertirse en un ícono nacional.

09-01-2026 - Por Noticias Ensenada

"Sabrina Ameghino. Contra la corriente”: una historia de luchas y éxito

Un libro sobre la vida de Sabrina Ameghino, atleta olímpica, 10 veces medallista panamericana, que remó contra los prejuicios, las lesiones y las coyunturas cambiantes.

Gastón Luppi y Pedro Garay retratan en el libro la vida de Sabrina Ameghino: su infancia al aire libre en Ensenada y Berisso, su llegada al canotaje, sus primeras competencias, la maternidad que puso su carrera en pausa, el regreso, las lesiones crónicas, las frustraciones olímpicas, la clasificación a Río 2016 y las 10 medallas panamericanas, incluido el histórico oro en Lima 2019.

Es la historia de una atleta, pero también es la historia de muchas atletas argentinas, de muchas mujeres, atravesadas por los obstáculos que sistemáticamente ofrece la coyuntura, desde la falta de apoyo hasta los dolores físicos, desde los prejuicios hasta el paso del tiempo.

El libro relata en 200 páginas su vida, desde la infancia hasta el retiro, en primera persona, acompañando el relato de Sabrina con voces de familiares, colegas y amigos. 

Cuenta con un prólogo de Santiago Lange y 16 páginas de imágenes que recorren su vida y su carrera.

Sabrina fue atleta de alto rendimiento antes de que existiera el apoyo del Enard. Atravesó lesiones, enfrentó dolores, se enfrentó también a rivales con más apoyo, mayor estructura. Luchó contra instituciones que le ponían techo y le quitaban acompañamiento. Fue madre, y siendo madre, alcanzar el nivel de excelencia que alcanzó me asombra. Y aún así, llegó a sostener una carrera durante 30 años, a ganar 10 medallas panamericanas, a competir a nivel olímpico: imposible no sentir una enorme admiración”. (Santiago Lange)


Los autores


Gastón M. Luppi: docente de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP y ETER, y periodista con más de 25 años de experiencia en el campo. Cubrió los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, Tokio 2021 y París 2024. Mención especial en la categoría “Deporte” de la 35º edición de los Premios al Periodismo que entrega la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA).

Pedro E. Garay: docente de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP y periodista deportivo desde hace más de una década. Cubrió los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 y los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 y Santiago de Chile 2023. Autor del libro “El mito olímpico”.

Contacto autores: (221) 547-7287 y (221) 476-6854


¿Quién es Sabrina Ameghino?


Sabrina Ameghino (1980), de Ensenada, integró durante veinte años la selección argentina de canotaje.

Compitió en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro (2016), pero también logró para Argentina una plaza en los Juegos Olímpicos de Tokio (2021). En 2012, cuando se entrenaba para ir a los Juegos Olímpicos de Londres, debió volverse a su casa.

Ganó diez medallas en Juegos Panamericanos y en Lima 2019 se consagró campeona, primera y única kayakista argentina en subirse a lo más alto de un podio panamericano. Sus primeros Juegos Panamericanos fueron en 1999 (Winnipeg) y los sextos, Santiago de Chile 2023 (43 años), en los que fue la abanderada de la delegación argentina en la ceremonia de apertura.

La mayor de cuatro hermanas mujeres (“indias, salvajes”), e hija de docente y tornero, su infancia en los 80 y 90 transcurrió entre Ensenada, de donde es su familia paterna, muy ligada al tradicionalismo (“La Montonera”), y Berisso, de donde es su familia materna, de origen checoslovaco, mujeres muy empoderadas. Una “ensalada”.

En las vacaciones de 1993, el ACV de su madre Leila fue una bisagra para la familia. En aquel momento Sabrina ya había comenzado a sufrir un dolor agudo en su talón derecho que ningún estudio médico lograba (ni logra) explicar. Definido por ella como un "proceso inflamatorio crónico", este dolor la obligó a dejar el básquet, pero la empujó hacia el agua. Allí surgió el desconocido canotaje, en noviembre de 1994, de la mano del recién llegado a la familia “tío Dani”.

En 1995 ya integraba el equipo nacional junior. Pero el canotaje femenino era "la sombra" del masculino, con poco presupuesto y entrenadores que a menudo recurrían al maltrato verbal y psicológico. Su estreno en grandes competencias fueron los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1999 y en 2002 brilló en los Juegos Odesur de Brasil, con cinco medallas de oro. En 2003, en los Juegos Panamericanos de Santo Domingo, obtuvo sus primeras medallas panamericanas.

En el verano de 2004, cuando se entrenaba para ir a buscar la clasificación a los Juegos Olímpicos de Atenas, supo que estaba embarazada. Sin dudarlo, largó el canotaje. Con la llegada de Vera, se dedicó a ser madre, a estudiar y a desempeñarse como instructora, hasta que la echaron del trabajo. Su entorno advertía que a Sabrina le faltaba “brillo”. El club Náutico de Berisso le abrió las puertas para reinventarse.

En 2009, tras separarse de su pareja, decidió volver a competir para representar a su nuevo club. Y ante la insistencia del cuerpo técnico y de sus compañeras, regresó al equipo nacional bajo una nueva consigna: "No vengo a boludear, tengo una hija".

Camino a Londres 2012, Sabrina sufrió un gran golpe: supuestamente clasificada, semanas antes de esos Juegos la federación le comunicó que la plaza "no estaba confirmada". Así, finalmente quedó fuera de los Juegos Olímpicos que creía suyos.

El empuje de su madre Leila fue clave para que no dejara el canotaje. Siguió. Al seleccionado se unió un nuevo entrenador, quien se propuso clasificar por primera vez un K4 (bote de cuatro) femenino a un Juego Olímpico. Y en el Mundial de Milán 2015, al que Sabrina llegó lesionada producto de una caída en Ensenada (recibió curaciones de sus propias compañeras), el K4 argentino logró la clasificación histórica en una semifinal agónica contra Canadá.

En Río 2016, Sabrina vivió de los momentos más importantes, no solo de su carrera, sino de su vida: desfiló en la Ceremonia de Apertura en el Estadio Maracaná, junto a la Generación Dorada de básquet, compitió en K1 (“regalo” de cumpleaños) y K4, y compartió la Villa Olímpica con su hija Vera y su madre.

El ciclo panamericano rumbo a los Juegos de Lima 2019 estuvo marcado por la tensión con un nuevo entrenador que les dijo a ella y a sus compañeras que ya habían tocado su techo. Pero en Perú, con 39 años, y después de un mensaje de su hija Vera en el que le decía que ella no tenía límites, ganó la medalla de oro, primer oro panamericano en la historia del canotaje femenino argentino. Con ese oro, entre otras cosas, pagó el cumpleaños de 15 de Vera. Le cuesta hablar de Lima, le gana la emoción.

La pandemia fue un golpe letal para su rendimiento físico. Al no poder entrenar en el agua por meses y, “aparentemente”, contagiarse Covid-19, cedió terreno frente a las más jóvenes. En un selectivo interno para los postergados Juegos de Tokio 2020, por centésimas de segundo perdió la plaza (la había logrado ella misma en el Mundial 2019) frente a su compañera Brenda Rojas. Pese a estar herida y cansada, se fijó un último objetivo: llegar a sus sextos Juegos Panamericanos para alcanzar la “décima medalla”.

Camino a Santiago 2023, y en competencia con compañeras que tenían la mitad de su edad, se quedó fuera de la estructura del seleccionado. En Ensenada, junto a su pareja, armó un plan de entrenamiento y así -selectivo mediante- logró la plaza para Santiago. Y además fue elegida por los otros deportistas como abanderada de la delegación argentina. El 3 de noviembre de 2023, el K4 argentino ganó la medalla de bronce por un margen de apenas 18 centésimas sobre Cuba. Con esa presea, Sabrina alcanzó las 10 medallas panamericanas, superando por ejemplo al ciclista Walter Pérez, otro de los máximos medallistas de la historia argentina.

Sabrina cerró su carrera en 2024, cuando por fin se dio una oferta laboral en Estados Unidos. Esa misma oferta laboral se había frustrado el año anterior, y por eso hubo Juegos Panamericanos, bandera y décima medalla: “Se fue dando todo para la despedida ideal”. Mirada hacia atrás, por supuesto rescata los Juegos Olímpicos de Río y la medalla de oro de Lima. Pero sobre todo, el respeto y el cariño de sus pares hacia “una loca campeona panamericana”.