Astillero Río Santiago: está en funcionamiento pero Kicillof sigue sin definir al presidente
En esta nota te contamos todos los detalles del movimiento político y administrativo que volvió a poner al Astillero Río Santiago en el centro de la escena bonaerense. Mientras el gobernador Axel Kicillof firmó un decreto para agilizar contratos, litigios y decisiones operativas del ARS, el Gobierno provincial todavía evita resolver una cuestión sensible: quién ocupará formalmente la Presidencia del histórico complejo naval de Ensenada. El tema volvió a quedar expuesto tras las declaraciones del ministro Augusto Costa, que confirmó que el establecimiento “está en pleno funcionamiento”.
En la política bonaerense nadie cree que el tema sea apenas administrativo. El Astillero Río Santiago nunca fue solamente una fábrica de barcos. Es una estructura atravesada por poder sindical, intereses industriales, territorialidad política y viejas internas del peronismo provincial.

La semana pasada, Kicillof firmó un decreto que amplía las facultades del directorio del ARS para avanzar en contrataciones, resolver cuestiones judiciales y tomar decisiones operativas con mayor rapidez. Desde el Gobierno argumentan que el objetivo es “dotar de mayor agilidad” a la gestión del complejo naval.
Este lunes, durante una conferencia de prensa en Gobernación, Costa confirmó que el astillero “está en pleno funcionamiento” y explicó que la Provincia busca “fortalecer las capacidades y competencias del directorio para tomar definiciones”.

Detrás de esa explicación técnica aparece una realidad política más incómoda. El ARS sigue sin presidente desde hace casi un año.
La salida de Pedro Wasiejko, el último titular formal del astillero, dejó una vacancia que el oficialismo todavía no logró resolver. En aquel momento, la renuncia estuvo rodeada de tensiones internas, reclamos sindicales y fuertes discusiones sobre el rumbo productivo de la empresa estatal. Distintos sectores gremiales cuestionaban demoras, falta de definiciones y problemas operativos que venían acumulándose desde hacía tiempo.
En los talleres enormes del astillero, donde conviven estructuras históricas, grúas oxidadas y bloques navales inconclusos, el tema todavía genera conversaciones de pasillo. Porque en el universo político y sindical de Ensenada, la conducción del ARS siempre fue una pieza de equilibrio delicado.
Costa intentó minimizar el impacto de la vacancia. Dijo que “están todas las condiciones” para seguir trabajando y recordó que la designación depende exclusivamente del gobernador. Pero en la rosca bonaerense admiten que la demora ya empieza a generar ruido.

También porque el astillero atraviesa una etapa sensible vinculada a los históricos buques encargados por la petrolera venezolana PDVSA, una historia que lleva más de una década entre contratos incumplidos, demoras y conflictos administrativos.
“Están realizándose avances para poder resolver definitivamente la cuestión”, sostuvo Costa, sin dar demasiados detalles.
Esos barcos, iniciados durante los años de fuerte alineamiento regional entre Néstor Kirchner y Hugo Chávez, quedaron convertidos con el tiempo en una postal incómoda dentro del predio naval. Estructuras a medio terminar, expedientes eternos y millones de dólares envueltos en litigios y discusiones jurídicas.
El nuevo decreto justamente apunta a darle al directorio herramientas para avanzar con mayor autonomía en ese tipo de situaciones.
En la Gobernación entienden que el astillero necesita mostrar movimiento y capacidad operativa en medio de un contexto económico cada vez más complejo. Mucho más desde la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada y el ajuste sobre áreas vinculadas a la producción estatal.
Por eso el oficialismo bonaerense volvió a poner al ARS como símbolo industrial. Cada vez que Kicillof habla de producción, empleo o defensa de la industria nacional, el nombre del astillero aparece sobre la mesa.
En ciudades como Ensenada, Berisso y La Plata, el complejo naval conserva un peso político y simbólico difícil de reemplazar. Ahí confluyen gremios, historia obrera, identidad peronista y una estructura productiva que sobrevive hace décadas entre crisis económicas, cambios de gobierno y conflictos permanentes.
Y en la política provincial todos saben que tarde o temprano Kicillof tendrá que resolver algo más importante que un trámite administrativo: quién controlará políticamente uno de los emblemas industriales más sensibles de la provincia.