La especie, originaria de otras regiones, comenzó a aparecer en el estuario y despierta interés por su posible impacto sobre el ecosistema.
Los científicos necesitan encontrar nuevos ejemplares para estudiar su presencia, distribución y características biológicas.
El pedido apunta especialmente a quienes pescan en Punta Lara, Berisso y otros sectores costeros del Río de la Plata.
No hace falta una red de laboratorio para hacer un descubrimiento científico. A veces alcanza con una caña, paciencia y estar parado frente al río en el momento indicado.
Eso ocurrió cuando un pescador capturó en Punta Lara un ejemplar de esturión que terminó en manos de investigadores del Laboratorio de Ecología de Peces del Instituto de Limnología “Dr. Raúl Ringuelet” (ILPLA), dependiente del CONICET y la UNLP. El pescador terminó convirtiéndose en una pieza clave de la investigación.
El hallazgo no pasó inadvertido porque se trata de una especie exótica que los científicos vienen siguiendo desde hace años. Su presencia en el Río de la Plata se conoce desde fines de la década de 1990 y todavía existen muchas preguntas sobre qué cantidad de ejemplares hay y hasta dónde se dispersaron. El río puede estar contando una historia que todavía nadie terminó de descifrar.
Por eso ahora los investigadores vuelven a mirar hacia quienes conocen el río desde otro lugar: los pescadores.
El esturión que apareció donde no debería estar
El esturión es un pez de aspecto prehistórico que no forma parte de la fauna autóctona del Río de la Plata. Su aparición está relacionada, según las investigaciones citadas, con ejemplares provenientes de criaderos de Uruguay que pudieron haber llegado al ambiente natural. Una especie ajena encontró una puerta de entrada al ecosistema rioplatense.
La preocupación científica no significa que actualmente exista una invasión descontrolada. De hecho, investigadores señalaron que hasta el momento no se habían encontrado ejemplares sexualmente maduros ni evidencias de reproducción establecida en el ambiente. La alarma científica no equivale a decir que el esturión ya sea una plaga.
Pero eso no significa que el fenómeno pueda ser ignorado.
La presencia reiterada de individuos permitiría saber si se trata solamente de ejemplares aislados o si existe una población capaz de sobrevivir y eventualmente reproducirse en el estuario. La diferencia entre una rareza y un problema ecológico puede estar en lo que todavía no se ve.
Por qué los pescadores son fundamentales
Los investigadores pueden realizar campañas científicas, analizar muestras y estudiar las condiciones ambientales. Pero los pescadores pasan muchas más horas observando qué aparece realmente en el agua.
Conocen los lugares, las temporadas, las profundidades y las especies que suelen aparecer en cada zona. Son los ojos cotidianos de un río inmenso.
Por eso el pedido apunta directamente a ellos: si alguien captura un esturión, la recomendación es ponerse en contacto con los investigadores y permitir que el ejemplar sea estudiado.
El antecedente demuestra que la colaboración funciona. El pescador que consiguió el ejemplar en Punta Lara permitió que los especialistas incorporaran material para su investigación y recibió posteriormente un reconocimiento de la Universidad. Una captura accidental terminó aportando información que un laboratorio necesitaba.
Un pez con historia antigua y un presente inesperado
Los esturiones pertenecen a un grupo de peces muy antiguo y presentan características que llaman especialmente la atención de los investigadores.
Pero el interés científico no está solamente en su aspecto.
Lo importante es determinar cómo se comporta una especie exótica cuando ingresa a un sistema tan complejo como el Río de la Plata, donde conviven especies de agua dulce, marinas y estuarinas y donde las condiciones de salinidad y temperatura cambian constantemente. El Río de la Plata no es simplemente un río: es un enorme laboratorio natural.
El estuario alberga una diversidad ictícola considerable y sostiene además actividades pesqueras de importancia para las comunidades costeras. Por eso cualquier nueva especie merece ser observada con atención, aunque todavía no exista evidencia de un impacto significativo.
La pregunta todavía no tiene una respuesta definitiva.
Los antecedentes disponibles indican que los investigadores no consideran que el esturión sea actualmente una plaga comparable con otras especies exóticas ya establecidas. Tampoco encontraron, según la información disponible, ejemplares maduros sexualmente que permitan confirmar una reproducción sostenida dentro del ambiente. La situación está bajo vigilancia, no bajo sentencia.
Precisamente por eso cada captura puede resultar importante.
Un nuevo ejemplar puede aportar datos sobre tamaño, edad, alimentación, desplazamiento y distribución. También puede ayudar a determinar si los esturiones permanecen en determinadas áreas o si están desplazándose por distintos sectores del estuario.
Y ahí aparece nuevamente el pescador.
El hombre o la mujer que sale temprano, prepara la caña y se instala frente al río puede terminar encontrando algo que los científicos llevan años buscando.
Punta Lara, Berisso y todo el río bajo la lupa
Para La Plata y su región costera, la investigación tiene además una dimensión local muy concreta.
Punta Lara, Berisso y la costa del Río de la Plata forman parte de un espacio donde la pesca recreativa y artesanal conviven con una enorme biodiversidad. Allí, cualquier modificación en la composición de las especies puede convertirse en una señal que merece ser registrada.
Por eso los investigadores necesitan ampliar la cantidad de observaciones disponibles.
No buscan solamente grandes hallazgos. También sirven los datos aparentemente menores: dónde apareció, cuándo fue capturado, qué tamaño tenía y bajo qué condiciones. Cada dato ayuda a dibujar el mapa de una especie que no debería estar allí.
Lo que tenés que saber sobre el esturión del Río de la Plata
Qué especie buscan: esturión.
Por qué interesa: es una especie exótica para el ecosistema rioplatense.
Dónde apareció: existen antecedentes de capturas en el Río de la Plata, entre ellas una en Punta Lara.
Desde cuándo se registra: su presencia en la región se remonta a fines de la década de 1990.
Origen posible: los investigadores señalan como hipótesis que algunos ejemplares pudieron provenir de criaderos de Uruguay.
¿Es una plaga?: no hay evidencia disponible que permita afirmarlo.
¿Se reproduce en el río?: hasta los antecedentes citados, no se habían encontrado ejemplares sexualmente maduros ni evidencias de reproducción establecida.
Quiénes investigan: especialistas del ILPLA, con participación de CONICET y UNLP.
Qué necesitan: que los pescadores informen si capturan un ejemplar para poder estudiarlo.